Lectio Divina


Lectura Orante de la Palabra de Dios

“Se tú una bendición” (Gen 12, 2)

Génesis 12, 1-5; 15, 1-6

Un día el Señor le dijo a Abram: "Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te voy a mostrar. Con tus descendientes voy a formar una gran nación; voy a bendecirte y hacerte famoso, y serás una bendición para otros. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; por medio de ti bendeciré a todas las familias del mundo."

Abram salió de Harán tal como el Señor se lo había ordenado. Tenía setenta y cinco años cuando salió de allá para ir a la tierra de Canaán. Con él se llevó a su esposa Saray y a su sobrino Lot, y también todas las cosas que tenían y la gente que habían adquirido en Harán. Cuando llegaron a Canaán,

Después de esto, el Señor le habló a Abram en una visión y le dijo: “No tengas miedo, Abram, porque yo soy tu protector. Tu recompensa va a ser muy grande.” Pero Abram le contestó: “Señor y Dios, ¿de qué me sirve que me des recompensa, si tú bien sabes que no tengo hijos? Como no me has dado ningún hijo, el heredero de todo lo que tengo va a ser Eliézer de Damasco, uno de mis criados." El Señor le contestó: “Tu heredero va a ser tu propio hijo, y no un extraño.” Entonces el Señor llevó a Abram afuera, y le dijo: “Mira bien el cielo, y cuenta las estrellas, si es que puedes contarlas. Pues bien, así será el número de tus descendientes.”

Abram creyó al Señor, y por eso el Señor lo aceptó como justo y le dijo: “Yo soy el Señor; yo te saqué de Ur de los caldeos para darte esta tierra como herencia.”

 

 

Oremos la Palabra con la Palabra

 

"Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre,

para ir a la tierra que yo te voy a mostrar”

El Proyecto de Vida

 

“Jesús lo miró con cariño, y le contestó: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres. Así tendrás riqueza en el cielo. Luego ven y sígueme.” (Mc 10, 21)

 

Jesús iba caminando por la orilla del Lago de Galilea, cuando vio a dos hermanos: uno era Simón, también llamado Pedro, y el otro Andrés. Eran pescadores, y estaban echando la red al agua. Jesús les dijo: Síganme, y yo los haré pescadores de hombres. Al momento dejaron sus redes y se fueron con él.

Un poco más adelante, Jesús vio a otros dos hermanos: Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en una barca arreglando las redes. Jesús los llamó, y en seguida ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron. (Mt 4, 18-21)

 

El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no merece ser mío; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no merece ser mío; y el que no toma su cruz y me sigue, no merece ser mío. El que trate de salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa mía, la salvará. (Mt 10, 37)

 

Concluimos este punto rezando con el salmos 16

¡Cuida, oh Dios, de mí, pues en ti busco protección!
Yo te he dicho: "Tú eres mi Señor, mi bien;
nada es comparable a ti."
Los dioses del país son poderosos,
según dicen los que en ellos se complacen,
los que aumentan el número de sus ídolos
y los siguen con gran devoción.
¡Jamás tomaré parte en sus sangrientos sacrificios!
¡Jamás pronunciaré sus nombres con mis labios!
Tú, Señor, eres mi todo;
tú me colmas de bendiciones;
mi vida está en tus manos.
Primoroso lugar me ha tocado en suerte;
¡hermosa es la herencia que me ha correspondido!
Bendeciré al Señor, porque él me guía,
y en lo íntimo de mi ser me corrige por las noches.
Siempre tengo presente al Señor;
con él a mi derecha, nada me hará caer.
Por eso, dentro de mí,
mi corazón está lleno de alegría.
Todo mi ser vivirá confiadamente,
pues no me dejarás en el sepulcro,
¡no abandonarás en la fosa a tu amigo fiel!
Me mostrarás el camino de la vida.
Hay gran alegría en tu presencia;
hay dicha eterna junto a ti.

 

Resonancias:




 

"Abram salió de Jarán tal como el Señor se lo había ordenado. Con él se llevó a su esposa Saray y también todas las cosas que tenían.” Mis riquezas

 

"Sucederá también con el reino de los cielos como con un hombre que, estando a punto de irse a otro país, llamó a sus empleados y les encargó que le cuidaran su dinero. A uno de ellos le entregó cinco mil monedas, a otro dos mil y a otro mil: a cada uno según su capacidad. Entonces se fue de viaje. El empleado que recibió las cinco mil monedas hizo negocio con el dinero y ganó otras cinco mil monedas. Del mismo modo, el que recibió dos mil ganó otras dos mil. Pero el que recibió mil fue y escondió el dinero de su jefe en un hoyo que hizo en la tierra.

"Mucho tiempo después volvió el jefe de aquellos empleados, y se puso a hacer cuentas con ellos. Primero llegó el que había recibido las cinco mil monedas, y entregó a su jefe otras cinco mil, diciéndole: 'Señor, usted me dio cinco mil, y aquí tiene otras cinco mil que gané.' El jefe le dijo: 'Muy bien, eres un empleado bueno y fiel; ya que fuiste fiel en lo poco, te pondré a cargo de mucho más. Entra y alégrate conmigo.' Después llegó el empleado que había recibido las dos mil monedas, y dijo: 'Señor, usted me dio dos mil, y aquí tiene otras dos mil que gané.' El jefe le dijo: 'Muy bien, eres un empleado bueno y fiel; ya que fuiste fiel en lo poco, te pondré a cargo de mucho más. Entra y alégrate conmigo.'

"Pero cuando llegó el empleado que había recibido las mil monedas, le dijo a su jefe: 'Señor, yo sabía que usted es un hombre duro, que cosecha donde no sembró y recoge donde no esparció. Por eso tuve miedo, y fui y escondí su dinero en la tierra. Pero aquí tiene lo que es suyo.' El jefe le contestó: 'Tú eres un empleado malo y perezoso, pues si sabías que yo cosecho donde no sembré y que recojo donde no esparcí, deberías haber llevado mi dinero al banco, y yo, al volver, habría recibido mi dinero más los intereses.' Y dijo a los que estaban allí: 'Quítenle las mil monedas, y dénselas al que tiene diez mil. Porque al que tiene, se le dará más, y tendrá de sobra; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará. Y a este empleado inútil, échenlo fuera, a la oscuridad. Entonces vendrán el llanto y la desesperación. (Mt 25, 14-30)

Concluimos este punto rezando con el salmos 8

Señor, soberano nuestro,
¡tu nombre domina en toda la tierra!,
¡tu gloria se extiende más allá del cielo!
Con la alabanza de los pequeños,
de los niñitos de pecho,
has construido una fortaleza
por causa de tus enemigos,
para acabar con rebeldes y adversarios.
Cuando veo el cielo que tú mismo hiciste,
 y la luna y las estrellas que pusiste en él,
pienso: ¿Qué es el hombre?
¿Qué es el ser humano?
¿Por qué lo recuerdas y te preocupas por él?
Pues lo hiciste casi como un dios,
lo rodeaste de honor y dignidad,
le diste autoridad sobre tus obras,
lo pusiste por encima de todo:
sobre las ovejas y los bueyes,
sobre los animales salvajes,
sobre las aves que vuelan por el cielo,
sobre los peces que viven en el mar,
¡sobre todo lo que hay en el mar!
Señor, soberano nuestro,
¡tu nombre domina en toda la tierra!

 

Resonancias:




 

"Mira bien el cielo, y cuenta las estrellas… así será el número de tus descendientes.”

La tierra prometida

 

"Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el que la cultiva. Si una de mis ramas no da uvas, la corta; pero si da uvas, la poda y la limpia, para que dé más. Sigan unidos a mí, como yo sigo unido a ustedes. Una rama no puede dar uvas de sí misma, si no está unida a la vid; de igual manera, ustedes no pueden dar fruto, si no permanecen unidos a mí.

"Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada.

"Si ustedes permanecen unidos a mí, y si permanecen fieles a mis enseñanzas, pidan lo que quieran y se les dará. En esto se muestra la gloria de mi Padre, en que den mucho fruto y lleguen así a ser verdaderos discípulos míos. Yo los amo a ustedes como el Padre me ama a mí; permanezcan, pues, en el amor que les tengo. Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo obedezco los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Ustedes no me escogieron a mí, sino que yo los he escogido a ustedes y les he encargado que vayan y den mucho fruto, y que ese fruto permanezca. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. Esto, pues, es lo que les mando: Que se amen unos a otros. (Jn 15, 1-10. 16-17)

 

Concluimos este punto rezando con el salmos 111

Alabaré al Señor de todo corazón
en la reunión de los hombres honrados,
en la comunidad entera.
Las obras del Señor son grandes,
y quienes las aman, las estudian.
Su obra es bella y esplendorosa,
y su justicia permanece para siempre.
Ha hecho inolvidables sus maravillas.
El Señor es tierno y compasivo;
da alimentos a los que lo honran;
¡se acuerda siempre de su alianza!
Mostró a su pueblo el poder de sus obras,
dándole lo que era posesión de los paganos.
Lo que él hace es justo y verdadero;
se puede confiar en sus mandamientos,
pues son firmes hasta la eternidad
y están hechos con verdad y rectitud.
Dio libertad a su pueblo
y afirmó su alianza para siempre.
Dios es santo y terrible.
La mayor sabiduría consiste en honrar al Señor;
los que lo honran, tienen buen juicio.
¡Dios será siempre alabado!

 

Resonancias:





Página web del CELAM para profundizar la Lectura orante de la palabra de Dios:

http://lectionautas.com/

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