“El que está en Cristo es una nueva creación” 2 Cor. 5, 17

Ayer pudimos reflexionar como a cada momento podemos ser una nueva creación  estando en Cristo. Para ello nos apoyamos en los siguientes textos.



Lectio Divina

De la Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios (2Cor 5, 14-18)

Porque el amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno murió por todos, todos murieron. Y murió por todos para que los que viven no vivan para sí, sino para quien por ellos murió y resucitó. De modo que nosotros en adelante a nadie consideremos con criterios humanos; y si un tiempo consideramos a Cristo con criterios humanos, ahora ya no lo hacemos. Si uno es cristiano, es criatura nueva. Lo antiguo pasó, ha llegado lo nuevo. Y todo es obra de Dios, que nos reconcilió consigo por medio del Mesías y nos encomendó el ministerio de la reconciliación.

No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo… (Is 43, 18-19)

Y dijo el que estaba sentado en el trono: “He aquí que hago nuevas todas las cosas”. (Ap 21, 5)

Le pregunta Nicodemo a Jesús: -¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Podrá entrar de nuevo en el vientre materno para nacer? Le contesta Jesús: --Te aseguro que, si uno no nace de agua y Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. (Jn 3, 3-5)

Cfr. También Mt 7, 21-27 La casa construida sobre roca.

Invitándonos luego a plantearnos las siguientes preguntas, para profundizar y ahondar durante el mes.

1.  ¿Cómo el Señor me llama a construir su Reino y qué dones he recibido para realizarlo?
2. ¿Qué me impide acoger este llamado?
3. ¿Qué desafíos me presenta hoy el Señor para construir su Reino?
4. Haz una oración pidiéndole al Señor la gracia de acoger su llamado a construir su Reino con creatividad y docilidad a la acción del Espíritu.

SALMO 126
El esfuerzo humano es inútil sin Dios

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.



Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!



La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.


Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.


Concluyendo con una catequesis de Juan Pablo II con respecto al Salmo 126.

El salmo 126 nos presenta un espectáculo en movimiento: una casa en construcción, la ciudad con sus centinelas, la vida de las familias, las vigilias nocturnas, el trabajo diario, los pequeños y grandes secretos de la existencia. Pero sobre todo ello se eleva una presencia decisiva, la del Señor que se cierne sobre las obras del hombre, como sugiere el inicio incisivo del Salmo: «Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles» (v. 1).

Ciertamente, una sociedad sólida nace del compromiso de todos sus miembros, pero necesita la bendición y la ayuda de Dios, que por desgracia a menudo se ve excluido o ignorado. El libro de los Proverbios subraya el primado de la acción divina para el bienestar de una comunidad y lo hace de modo radical, afirmando que «la bendición del Señor es la que enriquece, y nada le añade el trabajo a que obliga» (Pr 10,22).

Este salmo sapiencial, fruto de la meditación sobre la realidad de la vida de todo hombre, está construido fundamentalmente sobre un contraste: sin el Señor, en vano se intenta construir una casa estable, edificar una ciudad segura, hacer que el propio esfuerzo dé fruto (cf. Sal 126,1-2). En cambio, con el Señor se tiene prosperidad y fecundidad (cf. vv. 3-5).

Pues bien, el salmista, aun reconociendo la importancia del trabajo, no duda en afirmar que todo ese trabajo es inútil si Dios no está al lado del que lo realiza. Y, por el contrario, afirma que Dios premia incluso el sueño de sus amigos. Así el salmista quiere exaltar el primado de la gracia divina, que da consistencia y valor a la actividad humana, aunque esté marcada por el límite y la caducidad. En el abandono sereno y fiel de nuestra libertad al Señor, también nuestras obras se vuelven sólidas, capaces de un fruto permanente. Así nuestro «sueño» se transforma en un descanso bendecido por Dios, destinado a sellar una actividad que tiene sentido y consistencia.

Los autores espirituales han usado a menudo el salmo 126 precisamente con el fin de exaltar esa presencia divina, decisiva para avanzar por el camino del bien y del reino de Dios.

La Iglesia persevera en la oración, como los Apóstoles junto a María, Madre de Cristo, y junto a aquellos que constituían en Jerusalén el primer germen de la comunidad cristiana y aguardaban, en oración, la venida del Espíritu Santo.

¡Tú eres la llena de gracia!
Te alabamos, Hija predilecta del Padre.
Te bendecimos, Madre del Verbo divino.
Te veneramos, Sagrario del Espíritu Santo.
Te invocamos; Madre y Modelo de toda la Iglesia.
Te
contemplamos, imagen realizada de las esperanzas de toda la humanidad.
 (Juan Pablo II) 


Mirad al Señor

Quisiera compartir con ustedes esta canción "Mirad al Señor" de un cantautor católico de Los Ángeles. Marcelo Cid.

Programa 2011



La cosa empezó a orillas del lago. “¡Duc in Altum!”



“La cosa empezó en Galilea”, predica Pedro en Hechos 10,37. El evangelio no sólo tiene un punto de partida en el Bautismo de Jesús (Lc 3,21-22) o en el discurso en la sinagoga de Nazareth (Lc 4,16-22), sino de manera especial en el llamado de los primeros discípulos en el lago de Genesaret (o lago de Galilea). Se puede decir, entonces, que la cosa empezó a orillas del Lago.

Estos –y los que vendrán más adelante- son los que se convertirán en los “Testigos” (24,48; Hch 1,22; 10,41-42: “testigos escogidos de antemano”) que continuarán su misión predicando el evangelio de la liberación y del Reino: “la conversión para el perdón de todos los pecados a todas la naciones” (24,47). Tenemos entonces un relato modelo de vocación del testigo.
El relato tiene tres partes: (1) La predicación de Jesús a orillas del lago, desde la barca de Pedro (5,1-3); (2) la pesca milagrosa por el poder de la palabra de Jesús (5,4-7); y (3) el llamado de Simón Pedro y sus tres compañeros, y el comienzo del seguimiento (5,8-11). El movimiento de ida y vuelta, al interior y a orillas del lago, es significativo porque gira en torno a dos palabras de poder de Jesús que se colocan al mismo nivel: “Rema mar adentro y echad vuestras redes para pescar” (5,4) y “No temas, desde ahora serás pescador de hombres” (5,10).
La dinámica del relato impulsa hacia la tercera escena: el llamado a orillas del lago –con un gesto de perdón- y el comienzo del seguimiento de Jesús dejando atrás las barcas.
Notemos cómo en este relato se van describiendo cinco elementos clave del discipulado según el evangelista Lucas:

1. Una persona se hace discípula de Jesús después haber escuchado las palabras y de haber observado las obras poderosas de Jesús
A diferencia del relato paralelo en Marcos, donde la vocación se da casi de manera sorpresiva, constituyéndose en la aventura de seguir a uno a quien todavía no se le conoce, el evangelio de Lucas supone que el discípulo ya tiene un conocimiento previo del Maestro antes de comenzar a seguirlo.
También por este aspecto era importante el pasaje que leímos ayer: Jesús ya había estado en casa de Simón y éste había sido testigo de su poder sobre el mal cuando curó a su suegra (4,38-39). Por tanto Simón Pedro ya lo conocía.
Incluso en la primera parte del relato de hoy, vemos cómo Jesús ya ha contado con Simón al tomar prestada su barca para convertirla en el púlpito desde donde predica a “la gente que se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios” (5,1b). Allí también él tuvo la oportunidad de escuchar al Maestro. Por tanto Simón ya sabía de Jesús.
Pero luego vemos cómo se da un paso adelante: Simón es beneficiado directamente por Jesús en una pesca milagrosa después de una larga noche de fatiga infructuosa: “Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu Palabra, echaré las redes” (5,5). En este nuevo encuentro con Jesús, Simón ya no solamente “sabe” sino que “hace una experiencia” del poder de la Palabra del Maestro.
En este contexto, Simón Pedro llama por primera vez a Jesús “Maestro” (5,5; ver luego 8,24.45; 9,33.49; 17,13).

2. Jesús llama a pecadores y marginados
Después de la pesca milagrosa, Simón Pedro cae a los pies de Jesús para reconocer que es un pecador: “Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador” (5,8). Jesús, por su parte, le dice: “No temas” (5,10b). Este “no temas” equivale en el contexto a una declaración de perdón.
Frente a la grandeza de Jesús, el discípulo reconoce su indignidad. Esta conciencia del pecado es el punto de partida correcto de una camino en que se insistirá que “el que se humille será exaltado” (14,11; 18,14; ver el Magníficat). El reconocimiento del pecado no es impedimento sino más bien un punto de partida –casi un prerrequisito- para quien comienza a seguir a Jesús.
¿Y esto por qué? Porque la vocación sitúa la historia entera de la persona dentro del plan salvífico de Dios (ver 5,30). Se acoge el poder salvífico del perdón de Jesús en primera persona, para anunciarlo después –en calidad de testigo- como buena nueva al mundo entero: Jesús vino a salvar a todas las personas sometidas por mal.
¡Jesús es el Señor del perdón! Simón Pedro y sus compañeros se hacen discípulos del Señor de la misericordia.

3. El llamado al discipulado incluye una responsabilidad misionera

Jesús dice: “Desde ahora serás pescador de hombres” (5,10). Esta frase tiene una particularidad en su forma griega que suena así: “a partir de ahora cogerás”, es decir, se acentúa el hecho de recoger peces vivos, lo cual equivale a un gesto de salvación.
Por lo tanto, la formación que Jesús le ofrece al discípulo pretende capacitarlo para que sea capaz de salvar a otras personas. En los pasajes siguientes a este relato vocacional este tema se desarrolla en diversas escenas de salvación, hasta llegar a decir que lo que corresponde al querer de Dios “salvar una vida”, es la forma más elevada de “hacer el bien” (ver 6,9).
Este será el servicio concreto del discípulo. Los discípulos siguen al Señor del servicio (ver 22,24-27).

4. El discipulado tiene la forma de un viaje junto con Jesús

En este pasaje, Lucas termina haciendo esta anotación: “Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron” (5,11).
El último verbo es “seguir” (a Jesús). El corazón del discipulado es el “seguimiento” de Jesús, que no es otra cosa que una adhesión completa mediante la cual se comparte totalmente la vida del Maestro: su geografía física y espiritual, sus espacios y su tiempo, sus éxitos y sus fracasos, sus enseñanzas y sus obras de poder, sus palabras y sus silencios, pero sobre todo su visión de Dios y del mundo, raíz de la misión. El discípulo lo acompañará en todo perseverando hasta el fin.
En el seguimiento de Jesús la historia personal del discípulo entra en una nueva dinámica de vida y con el Maestro va elaborando un nuevo proyecto de vida. Los discípulos siguen al Señor de los caminos.

5. Aquel a quien Jesús llama debe adoptar una actitud de desapego de sus propios bienes
Para que la adhesión de corazón al Maestro sea posible también se requiere dejar atrás todo lo que impide la disponibilidad para caminar junto con él. Por eso el “seguir” tiene como presupuesto el “dejarlo todo” (ver 5,11a).
Símbolo de esto es el gesto del llevar “a tierra las barcas” (5,11a), que en nuestro pasaje describe el momento en el cual los discípulos las sacan completamente del agua y las dejan inutilizadas en tierra. Con esto se anuncia un nuevo comienzo.
Así como su Maestro, el discípulo debe ser una persona libre que no se deja atar por nada ni por nadie (ver el evangelio del próximo domingo). La renuncia a los bienes es la premisa de la construcción de una nueva jerarquía de valores y de una nueva visión de la vida que parte de la visión de Jesús.
Por otra parte, sin esta apertura total al Maestro, dejando atrás las propias seguridades, no es posible la formación, porque “el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos” (5,38).
El gesto de desapego –valiente y con prontitud- de los primeros discípulos, deja ver que la renuncia de todo lo que ata al pasado –por causa de Jesús- tiene un valor positivo: indica una actitud de apertura total, de abandono, de confianza absoluta en Jesús. Es un gesto de amor. Pero también es como firmar un documento en blanco, para que el conduzca sus vidas por los caminos que, como buen Maestro que es, considere pertinentes. Al “Maestro” (5,5) hay que dejarlo ser “Señor” (5,8).
Discípulo, entonces, es quien se deja conducir, dócilmente y con el corazón libre, por el Señor de sus vidas. Con Jesús se reaprende la vida.
Esta página que leemos hoy, y que está a la base de los relatos que leeremos a continuación, va más allá de la simple anécdota vocacional. Ella nos deja claro que todos los discípulos y discípulas de Jesús debemos volver una y otra vez a este momento primero. Sólo así se renovarán nuestras vidas y se hará más intensa la fuerza de la misión que nos ha sido confiada, en una fresca espiritualidad de la escucha del Maestro que nos llama constantemente con su palabra viva.

Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
1. ¿Cuáles son los cinco elementos claves del discipulado que nos describe el evangelio de Lucas?
2. ¿Por qué la conciencia del propio pecado y el pedir perdón son condiciones para seguir a Jesús? ¿Soy conciente de mí ser pecador/a? ¿En qué forma pido a Dios el perdón de mis pecados?
3. ¿Cuáles son las cosas que poseo, pequeñas o grandes, de las cuales no me desprendería fácilmente? ¿Qué me pide Jesús en el evangelio de hoy al respecto?

(Pistas para la Lectio Divina: Lucas 5, 1-11. Padre Fidel Oñoro CJM)

Mi vida nueva en Cristo

"No os acomodéis a este mundo, antes transformaos con una mentalidad nueva, para discernir la voluntad de Dios, lo que es bueno y aceptable y perfecto. (Rm. 12,2)



Aquí están los links para descargar la lectio y el trabajo personal para el mes:
- Lectio
- Trabajo personal

Todo es gracia


En el encuentro de hoy reflexionamos sobre como todo es gracia en nuestra vida. Para esto hicimos lectio con el texto de Romanos 8, 28-39. Luego nos detuvimos sobre la Pausa Ignaciana como un instrumento concreto que ayuda a descubrir el paso de Dios por nuestra vida, a vivir cada día más en su amistad.

Romanos 8, 28-39:
"Sabemos que todo concurre al bien de los que aman a Dios, de los llamados según su designio. A los que escogió de antemano los destinó a reproducir la imagen de su Hijo, de modo que fuera él el primogénito de muchos hermanos. A los que había destinado los llamó, a los que llamó los hizo justos, a los que hizo justos los glorificó.
Teniendo esto en cuenta, ¿qué podemos decir? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién estará en contra? El que no reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos va a regalar todo lo demás con él? ¿Quién será fiscal de los que Dios eligió? Si Dios absuelve, ¿quién condenará? ¿Será acaso el Mesías Jesús, el que murió y después resucitó y está a la diestra de Dios y suplica por nosotros? ¿Quién nos apartará del amor del Mesías? ¿Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada? Como dice el texto: Por tu causa estamos a la muerte todo el día, nos tratan como a ovejas de matanza. En todas esas circunstancias vencemos de sobra gracias al que nos amó. Estoy persuadido de que ni muerte ni vida, ni ángeles ni potestades, ni presente ni futuro, ni poderes ni altura ni hondura, ni criatura alguna nos podrá separar del amor de Dios manifestado en el Mesías Jesús Señor nuestro."

Todo es Gracia (Carlos Araujo)

Hombre que tienes talento,
dime, ¿dónde lo compraste?
El mundo te reconoce
imaginación brillante;
pero, ¿cómo has adquirido
ese don tan admirable?
Tal vez cultivas las ciencias
y aun descubrimientos haces;
pero, ¿cómo has poseído
esa aptitud envidiable?
Por ventura te consagras
al cultivo de las artes
y alcanzas preciados lauros
en concurridos certámenes;
mas, ¿elegiste tú mismo,
porque estuviese a tu alcance,
esa facultad preciosa
que el mundo admirado aplaude?
Nada debes a ti mismo:
cuanto tienes, cuanto vales,
a tu espíritu ha venido
de un modo que nadie sabe.
Mas de quien viene sabemos:
del que es de las luces Padre,
Autor de las buenas dádivas,
que como quiere reparte.
Si todo lo has recibido,
de nada debes gloriarte.

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